Lágrimas de sangre en un rostro apacible,
en una mirada vacía, inexistentes, ambiguas,
llenando su blancura de color cobrizo,
tal vez más brillante de lo que parece,
tal vez más oscuro de lo que te envuelve
lentamente, hasta de una forma seductora, caprichosa;
la llena, la devora.
sábado 23 de febrero de 2008
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